El martes 23 de diciembre, la comunidad educativa vivió un significativo y fraterno encuentro con la celebración de la Eucaristía de Navidad 2025, instancia que reunió a docentes, asistentes de la educación y directivos en un clima de oración, recogimiento y profunda comunión.
Este momento celebrativo se transformó en un verdadero espacio de Iglesia viva, preparando el corazón de la comunidad para la llegada del Niño Jesús. La liturgia fue vivida con sencillez y profundidad, marcada por signos, cantos y una participación activa que fortaleció los lazos comunitarios y el sentido de fe compartida.
En su homilía, el padre Enzo, capellán de la comunidad, invitó a los presentes a detenerse en medio del ritmo acelerado de estas fechas, donde muchas veces la alegoría, los regalos y la cena navideña pueden desplazar el verdadero centro de la celebración. Con palabras cercanas y profundas, recordó que Jesús es el centro de la Navidad, y que es Él quien nos regala la verdadera fuerza para enfrentar la vida. Señaló que llevar a Jesús en el corazón no hace necesariamente la vida más fácil, pero sí la hace posible, invitando a no perder de vista el pesebre, a detenerse y a acoger la esperanza que allí nace.
Como gesto final para sellar este momento de comunión, el sacerdote invitó a los presentes a realizar un signo sencillo pero profundamente significativo: encender un fósforo desde la corona de Adviento y acercarse al pesebre, dejando allí, en silencio, una intención, una carga, un dolor o una inquietud personal. Este gesto simbolizó la disposición a transformar aquello que nos duele o incomoda en esperanza, reconociendo nuestras fragilidades y abriéndonos al deseo de cambio y renovación interior.
De este modo, la comunidad cerró el año pastoral y laboral renovando su fe y su compromiso, poniendo nuevamente a Cristo en el centro y confiando en que la luz que nace en Belén siga iluminando la vida personal, familiar y comunitaria, para caminar juntos con esperanza hacia el nuevo año que comienza.











